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"En enero, regálate esperanza", por Francesc Miralles

 




 Este atículo apareció en la sección de psicología de  “El País Semanal”. Son cinco consejos para sobrellevar la angustiosa situación que nos ha tocado vivir. Te vendrán bien para este momento y otros que pueden darse en tu vida.

  Una de las tareas más ingratas para un autor de desarrollo personal es acudir a entrevistas donde un periodista te espera a la contra: “¿Cómo se puede ser optimista con la que está cayendo?”. Esa y otras preguntas similares llenan el diálogo. Podría parecer que el fatalismo y el escepticismo son más realistas que una visión positiva del futuro. Sin embargo, ambas posturas vitales son solo proyecciones teñidas por nuestras expectativas o prejuicios. Del mismo modo que acudir a una cita sentimental convencidos de que irá mal nos hace mostrarnos negativos y torpes, con lo que acabamos confirmando el oráculo, nuestra mirada sobre los acontecimientos futuros influye sobre ellos.

Si tras el desastre del buque Endurance, que en el invierno de 1915 quedó atrapado en el hielo antártico, Shackleton hubiera sido pesimista, jamás habría logrado la proeza de salvar la vida de todos sus hombres. Para acampar sobre hielo, navegar 1.300 kilómetros en un bote abierto y atravesar las montañas de Georgia del Sur hasta ser rescatados tenía un motor: la esperanza. Shackleton se enfocó en las posibilidades de salvación, por disparatadas que parecieran, y eso obró el milagro.

En un fragmento de El conde de Montecristo, Alejandro Dumas escribe: “No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con otro, he ahí todo. Solo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema”. Las grandes crisis suelen ir seguidas de épocas de euforia, crecimiento y creatividad. Tal vez por eso, Dumas concluye que “toda la sabiduría humana estará resumida en dos palabras: ¡confiar y esperar!”. ¿Cómo mantener ese espíritu mientras dura la crisis económica y sanitaria? Hay cinco claves que pueden ayudar a cultivar la esperanza.

Entender que todo es temporal. Aunque desde marzo de 2020 la pandemia haya monopolizado los medios de comunicación, llegará un punto en que pasará. Tomar conciencia de que nada, ni lo bueno, ni lo malo, es para siempre ayuda a no desesperar.

Limitar las malas noticias. Por contagio emocional, el tono de los mensajes que nos llegan acaba determinando nuestra manera de ver el mundo. Por eso, en momentos de gran dificultad es importante elegir bien con qué nutrimos nuestra mente.

Ocuparse de lo que depende de uno mismo. Al contemplar un desastre a gran escala impera un sentimiento de impotencia. Pero, si se pone el foco en pequeñas acciones y se llevan a cabo, llega la esperanza. Parafraseando el discurso de toma de posesión de Kennedy, la cuestión sería: ¿qué puedo hacer yo, de manera concreta, para que este año sea mejor que el anterior?

Recordar lo que va bien. No se trata de engañarse, sino de compensar el desánimo fijándose en lo que sí funciona en la vida de cada uno. Tal vez la economía individual ha tocado fondo, pero la salud aún responde. Para descansar de la negatividad, tomar conciencia de lo que va bien aporta energía.

Celebrar los microprogresos. Este término lo utiliza Cory Newman, director del Centro de Terapia Cognitiva de la Universidad de Pensilvania, para designar los pequeños logros que están cambiando ya la tendencia de nuestro futuro. James Clear, que el pasado año encabezó las listas de best sellers en Estados Unidos con sus Hábitos atómicos (Diana), afirma: “No importa el éxito que tengas en este momento, sino determinar si tus hábitos te están conduciendo hacia el camino del éxito. (…) Si quieres predecir dónde terminará tu vida, sigue la curva de las pequeñas ganancias y pérdidas. (…) Las pequeñas batallas que ganamos cada día son las que definen tu futuro”.

Tal vez el mejor regalo que podemos hacernos la noche de Reyes sea enfocar la aventura con esperanza, como Shackleton, y poner todo de nuestra parte para elevar la curva con pequeños progresos. Cuando agotemos este calendario podremos decir que este ha sido un año realmente nuevo.

 Francesc Miralles es escritor y periodista especializado en psicología.


"Hacia la luz", de Manuel Vicent

 




Me encanta esta columna de opinión: es instructiva y optimista.

“Hacia la luz”

Mañana, 21 de diciembre, con el solsticio comenzará a crecer la luz del día en el hemisferio norte e irá muriendo a la par en el hemisferio sur, nada que no se haya repetido durante miles de millones de años.

Viejos muertos de miedo


¿Y si el virus hubiera atacado a los jóvenes como tú? ¿Cómo hubieran reaccionado tus abuelos? Elvira Lindo es tajante. Léela.



“Viejos muertos de miedo”, por Elvira Lindo. Publicado en “El País” el 15 de marzo de 2020

Entre estas cuatro paredes, pienso. Pensar es un vicio solitario. Pienso en qué habría ocurrido si esta pandemia se estuviera cebando con los niños. Pienso en cómo padres o abuelas habrían exigido medidas urgentes desde un primer niño muerto.

"Geometría de una pandemia"



Este es uno de los artículos más claros que he leído sobre el virus y las razones por las que hay que seguir el encierro al pie de la letra, aunque nos cueste. Ha aparecido en "El País" de hoy, 15 de marzo de 2020 (2º día de encierro".

“Geometría de una pandemia”, por JoséLuis Sampedro

Los científicos llevaban un mes preocupados por una cuestión coronavírica fundamental. Sabían que China había logrado controlar sus focos de infección, en particular la ciudad de Wuhan, con 11 millones de habitantes, por el simple prospecto de aislarlos del resto del mundo. Pero ¿sería posible aplicar ese tipo de medidas en las democracias occidentales? Acabamos de ver que sí. Las medidas del Gobierno español, como las de otros países de nuestro entorno, se basan casi por entero en la experiencia china. Los aislamientos y las cuarentenas ralentizan la propagación del virus. Eso no quiere decir que lo eliminen —este coronavirus no tiene pinta de estar en riesgo de extinción—, pero sí que permite a los sistemas sanitarios gestionar sus efectos. Esta es la clave para entender la crisis sanitaria. Las Bolsas son otra historia.

El coronavirus (SARS-CoV-2, en la jerga, causante de la enfermedad respiratoria Covid-19, pero ruego al lector que se olvide de estas espesuras lexicológicas) se propaga mejor que su predecesor el SARS, y hasta mejor que la gripe, que hasta ahora era la verdadera pesadilla de los epidemiólogos. Pocos científicos esperarán eliminarlo a estas alturas. Lo más probable es que el coronavirus infecte tarde o temprano a la mayor parte de la población europea, y seguramente de la mundial. La canciller alemana, Angela Merkel, lo ha cifrado esta semana en un 70% de la población, y quién sabe si se quedó corta. Pero esto no es un dato tan preocupante como parece.

Una buena regla que han aprendido los epidemiólogos en esta crisis es 80/15/5. Son porcentajes, y por eso suman 100. El 80% de los españoles, y de los europeos, se infectarán sin casi enterarse. Para ellos, la enfermedad será tan leve que ni le prestarán atención más allá de un ocasional paracetamol. El 15% puede sufrir neumonía y necesitará tratamiento. Y el otro 5% tendrá que ingresar en la unidad de cuidados intensivos (UCI) de su hospital. 80/15/5 es la clave para entender las medidas que están tomando el Gobierno. Esas medidas son correctas, pero no siempre fáciles de entender por la población. Ni por los mercados, por las fluctuaciones cuánticas que venimos observando en ese gallinero.

 

Hay una geometría de la pandemia. Si el virus va a acabar por contagiarnos a casi todos, ¿por qué empeñarse en frenar su propagación? El objetivo del estado de alerta declarado por el Gobierno no es protegerte a ti, desocupado lector, sino al sistema sanitario que, con toda seguridad, necesitarás alguna vez en tu vida. El 5% de 100 infectados son cinco pacientes en la UCI. El 5% de un millón de infectados son 50.000 pacientes en la UCI. Ningún sistema sanitario puede soportar eso y las medidas son necesarias para allanar la curva de contagio, como puedes leer en Materia. El número final de infectados puede ser el mismo, pero su llegada a los hospitales se escalonará lo bastante como para hacer posible la atención a los casos más graves. Tu aislamiento no es para ti, sino para los demás. Pórtate bien.