“Ecogramática”
Leo y escucho al cabo del día miles, quizá millones, de palabras. Las leo en el periódico, en los prospectos médicos, en los libros, en las redes, en las vallas publicitarias, en el menú del día del restaurante de la esquina…;
Leo y escucho al cabo del día miles, quizá millones, de palabras. Las leo en el periódico, en los prospectos médicos, en los libros, en las redes, en las vallas publicitarias, en el menú del día del restaurante de la esquina…;
Este es un
artículo largo pero muy interesante. Son las reflexiones de una escritora que
siempre se había sentido “de raza blanca” hasta que llegó a Estados Unidos y
vio que allí la veían de otra forma. Te recomiendo que saques diez minutos para
leerlo y un ratito posterior para reflexionar sobre él.
“El racismo no se cura”, por Sabina Urraca
Si hay una novela que tienes que leer
antes de hacerte adulto, es esta. Créeme: no se disfruta igual con 17 años que
con 30. Salinger habló directamente al corazón de los jóvenes. Extrañamente,
este libro va unido a algunas tragedias americanas: algunos de los asesinos más
famosos, como el de John Lennon, lo llevaban encima y estaban más o menos
obsesionados con él. Esto te lo cuento solo a título informativo: la novela es
maravillosa. Cuenta las peripecias de un joven que no desea entrar a formar
parte del mundo adulto que lo rodea.
“Qué más da”
Un fantasma recorre el mundo: es el fantasma de la resignación. Este es un momento de la historia en que frente a cualquier escándalo político, desastre económico o injusticia flagrante muchos jóvenes se sorprenden diciendo qué más da, todos son iguales, yo a lo mío, esto es lo que hay, con la que está cayendo más vale callar y abrir el paraguas.
Esta es una canción muy tierna y
triste sobre la que debes reflexionar un poco: ¿cuál es el tema?, ¿cuál de los
dos personajes es más digno de lástima?, ¿por qué? Emite una opinión
argumentada. J
Son varios los cantantes que la han
versionado, pero yo te dejo el vídeo de la creadora de la canción, Cecilia.
Como siempre, te pongo el enlace y la
letra:
https://www.youtube.com/watch?v=8AtSHZTwehY
Era feliz en su matrimonio
Aunque su marido era el mismo demonio
Tenía el hombre un poco de mal genio
Y ella se quejaba de que nunca fue tierno
"Haz de luz"
Hoy, domingo,
te ofrezco la música y letra de esta preciosa canción de Rayden, escrita para
una niña ciega que un día expresó su miedo a que si le devolvían la vista no le
gustara el mundo real.
Aquí, el
enlace al vídeo:
https://www.youtube.com/watch?v=voxL7ymgJ2o
Aquí, la
letra:
Quiero que veas el atardecer cuando el sol
empieza a caer
Y tras él las farolas se encienden, el cielo se prende y se tiñe de tonos
pastel
Que tengas el mundo a tus pies y también de montera
Que sepas seguir las pisadas, sabiendo el peaje que tiende a querer dejar
huella
Este es un artículo muy duro sobre el machismo escrito por Rosa Montero y publicado en "El País" el 24 de octubre de 2021.
“Amparar y callar”
¿Cómo es posible que suceda algo así? Hablo de esa insoportable noticia de hace unas semanas: una sexagenaria francesa fue drogada durante una década hasta la inconsciencia por su esposo, que la ofrecía por internet a desconocidos. Han detenido a 44 hombres entre 24 y 71 años, de todo pelaje y condición: periodistas, bomberos, enfermeros.
“Daniela Astor y la caja
negra”
Este es uno de los libros más bonitos
escritos en los últimos años en España. La mirada de unas niñas puestas sobre
sus ídolos (las actrices del “destape” de los años 70) sirve para ver la silenciosa historia de la
sociedad en general y de las mujeres en
particular durante la transición española. Conmovedora, divertida, fresca y
sorprendente. La prosa de la autora es una de las más brillantes de la
actualidad. Pronto os recomendaré más libros de ella. Eso sí, hay que ser un
buen lector para disfrutarla como se merece: pero seguro que ya lo eres.
Aquí tienes unas interesantes reflexiones sobre una forma de gobierno y de ascenso social basada en el mérito individual y que, por lo tanto, promueve la competencia individual. Te animo a escucharlo en este momento tan particular de tu vida.
“La soldado
o la soldada”, por Álex Grijelmo.
La soldada Laura Ana Domínguez fue entrevistada el pasado agosto en
varios medios tras aparecer fotografiada en un sobrecogedor abrazo de despedida
con una mujer afgana encinta a la que había cuidado en el avión que las llevó
desde Kabul a Torrejón junto con un centenar de refugiados de aquel país. La
inmensa mayoría de los periodistas escribieron o dijeron “la soldado”.
Pocas semanas antes se conmemoraba el aniversario de la
muerte de la soldada estadounidense Vanessa Guillén, acosada durante meses en la base de Fort Hood
sin que se tomaran medidas, y cuyo cadáver se halló descuartizado en 2020. Las
informaciones también hablaban de “la soldado”.
El Diccionario no ha
recogido el femenino de esa palabra. Por tanto, quienes usaron el morfema o pueden
escudarse con razón en el léxico de las academias. Ahora bien, “soldada”
responde a una formación perfectamente regular en nuestra lengua, en analogía
con “delegado” y “delegada” o “abogado” y “abogada”, entre otras…; y por tanto
no se puede considerar ajena al sistema del idioma.
El léxico militar parece mantenerse como último reducto
frente a la flexión de los nombres de cargos y empleos que se va extendiendo en
el resto de la lengua con arreglo a la morfología general de los sustantivos
que acaban tanto en o como en án y en or. Así sucede
por ejemplo con “la capitán”: con arreglo a la costumbre castrense, una misma
mujer sería por la mañana “la capitán” en el ejército y por la tarde “la
capitana” en su equipo de balonmano. Esta costumbre de las Fuerzas Armadas ha
dificultado quizás la implantación de femeninos como “soldada”, “sargenta”,
“pilota” o “caba”, perfectamente posibles y, a mi entender, recomendables para
designar esos puestos cuando los desempeñan mujeres.
En el caso de “soldada”, se suele oponer que tal casilla ya
está ocupada por el significado de “sueldo, salario o estipendio”; pero ese
argumento olvida la información que aportan las diferentes funciones
gramaticales de un mismo término y el sentido pragmático que todos aplicamos a
los mensajes (la influencia de los contextos en el significado). Podemos decir
“el frutero me regaló un frutero”, o “a la cartera se le olvidó la cartera”, o
“el cajero colocó más billetes en el cajero”. Y del mismo modo, “la soldada se
quedó sin su soldada”. Si no fuera por la evitable redundancia, también
podríamos escribir “la música interpretó mal la música” o “la técnica aplicó
muy bien la técnica”.
Hemos señalado en otras oportunidades que los usos
inmovilizados del masculino para nombrar profesiones, oficios o cargos de
mujeres (siempre que la morfología del español haya recogido esa flexión)
constituye a nuestro parecer una asimetría sexista. Pero atención: como en
tantas otras ocasiones, el sexismo se residencia en el uso, no en el sistema.
Otro tanto sucede con “la médico”, “la arquitecto”, “la
ingeniero”…, o con “la sargento”. Esas fórmulas se usaron hace años al
entender, tanto hombres como mujeres, que el masculino resultaba más
prestigioso; o que, como cara de la misma moneda, el femenino desprestigiaba el
oficio. Pero ya no hay tal. Así que hoy en día se puede decir en perfecto
español “la soldada”, “la caba”, “la pilota”, “la sargenta”…
Hace 40 años también sonaba extraño “la ministra”. Por eso
se pueden hallar registros de “la ministro” en ejemplares de EL PAÍS de 1977; menciones
que, lógicamente, se referían a ministras de otros países. Pero ahora no solo
tenemos en el Gobierno a más ministras que ministros, sino que además tenemos a
la soldada Domínguez.
Este
libro cuenta la truculenta historia de un asesino y la investigación real que
llevó a cabo el propio escritor, Truman Capote. Almudena Grandes dice que es una
novela perfecta para que aquellos a quienes no les gusta leer se inicien en la
lectura. Estoy de acuerdo con ella. Buena novela para un período de descanso como
este largo verano que estamos estrenando.
Eugenides obtuvo el Premio Pulitzer en
2003 con esta peculiar y redonda obra en la que se da lo mejor de la narrativa,
con mayúsculas. Es un libro que va a las entrañas de la creación del género, el
libro que a mí me hubiera gustado escribir si me hubiese dedicado a ello. El
curioso protagonista resulta inolvidable. Estoy dejando que pase algo más de
tiempo para releerlo y volver a disfrutar tanto como lo hice la primera vez.
Fantástico libro tanto en su forma
(muy original) como en su contenido. Ya hemos hablado un poco en clase de él.
El autor, Javier Cercas, cuenta la historia real que le ocurrió al falangista
Sánchez Mazas (padre de Rafael Sánchez Ferlosio) en la guerra civil. ¿Por qué
un joven soldado le perdonó la vida? ¿Qué le movió a ese desconocido miliciano
a actuar así? Precioso alegato antimilitar. Recomendable al cien por cien. Si
lo lees, me lo agradecerás.
Circula por las redes mensajeras una teoría según la cual se
puede saber con facilidad cuándo determinados pronombres o adverbios (“que”,
“quien”, “cuanto” o “como”...) llevan tilde. De acuerdo con ese truco, basta
con preguntarse si después de cada uno de esos términos se pueden añadir “coño”
o expresiones similares (”diantres”, “demonios”, “narices”...). Así, se supone
que “¿qué quieres?” lleva tilde porque se podría decir “¿qué coño quieres?”.
Mientras que “dame el paquete que elijas” no la acepta, porque no decimos “dame
el paquete que coño elijas”.
Brillante. Pero erróneo.
El texto que me ha
llegado (varias veces), y que incluso
fue recogido por algún articulista, dice así: “Truco: Si detrás del ‘qué’,
‘quién’, ‘cómo’, ‘cuándo’, ‘cuánto’ puedes poner la palabra ‘mierda’, ‘cojones’
o ‘coño’ y tiene sentido, se acentúan. En caso contrario, no. Qué (coño) comes.
Vais como (coño) loc@s”.
Según indica la Nueva gramática académica,
editada en 2011, ese tipo de expresiones enfáticas revelan distintos grados de
fastidio, incredulidad, extrañeza, enojo, insatisfacción, desesperación… y
otras actitudes similares ante una situación adversa. Así pues, añadimos aquí,
no se pueden aplicar en otros supuestos. Por ejemplo, cuando el hablante no pregunta
o niega, sino que afirma: “Sé quién lo hizo”. (No valdría “sé quién demonios lo
hizo”). O cuando expresa satisfacción: “Qué bien me ha sentado” (no diríamos
“qué cojones bien me ha sentado”); “¡qué deprisa lo has hecho!” (y no “qué
diantres deprisa lo has hecho”, si elogiamos la rapidez).
O cuando la pregunta no transmite ningún estado de ánimo en
concreto: “¿Qué tal?” (rara vez oiremos “¿qué cojones tal?”). “¡Cuánto habéis
trabajado! (no “¡cuánto mierda habéis trabajado!”). Se puede preguntar “¿quién
narices lo dijo?”, y esto encaja en la falsa norma, pero no “¿cuántos narices
sois?”.
El exitoso consejo que circula por las redes no funciona
tampoco cuando la palabra que nos hace dudar va seguida de un sustantivo o de
un adjetivo. Por ejemplo, en “qué coño noticia leíste ayer tan interesante” o
“estoy averiguando qué coño fantásticas alegrías me esperan”.
La aventurada norma viral sobre estos sustantivos (“coño”,
“mierda”, “cojones”) puede producir monstruos cuando tales términos pierden su
papel enfático y recuperan de repente, sin nadie quererlo, el significado
primitivo: “Qué coño bonito”, “qué mierda vas a quedarte”, “qué cojones
prefieres”.
Pero no se puede considerar muy ética la actitud de destruir
sin construir, así que ofreceremos una alternativa: para resolver esas dudas,
pensemos mejor en cómo entonamos. No es lo mismo “tú cuenta con él” (tú
cuenta) que “tu cuenta con él” (tucuenta). Técnicamente
se diría que hay que distinguir entre palabras átonas o tónicas, pero huyamos
de eso. Fijémonos en la pronunciación: en si separamos las dos palabras o si
las unimos como si fueran una sola: “Desconozco qué quieres” (qué
quieres) frente a “sé bien que quieres venir” (quequieres venir).
Si las pronunciamos separadas, la primera lleva acento; si las juntamos, no.
“Qué te gusta” (qué te gusta) frente a “que te gusta” (quetegusta): “Sé
qué te gusta comer” y “sé que te gusta comer”. “¿Dónde vives? (dónde
vives), “¿donde vives es en Torrelaguna?” (dondevives). “¿Cuánto
trabajas” (cuánto trabajas)”, “conviertes en arte cuanto
trabajas” (cuantotrabajas).
Todo esto no es tan gracioso como la norma falsa, pero al
menos puede ayudar a que deduzcamos en algunas ocasiones cómo coño hay que
acentuar.
Un
investigador es enviado por sus jefes a averiguar los motivos por los que en
una empresa situada en una pequeña ciudad muchos trabajadores se han suicidado.
No le van a poner las cosas fáciles.
Este
libro es una inquietante fábula sobre el funcionamiento del nuestro mundo
capitalista. Te verás atrapado en un ambiente del que ni tú ni el investigador
podréis salir.