"El rastro de tu sangre en la nieve", de Gabriel García Márquez



No se me ocurre un cuento más apropiado para estos días que tienen un aire de postal de navidad. Así podemos entretenernos un poquito, antes de salir a jugar con la nieve. El nombre de la protagonista quizás te suene…

"El rastro de tu sangre en la nieve”, cuento de Gabriel García Márquez

Al anochecer, cuando llegaron a la frontera, Nena Daconte se dio cuenta de que el dedo con el anillo de bodas le seguía sangrando. El guardia civil con una manta de lana cruda sobre el tricornio de charol examinó los pasaportes a la luz de una linterna de carburo, haciendo un grande esfuerzo para que no lo derribara la presión del viento que soplaba de los Pirineos.

"Hacia la luz", de Manuel Vicent

 




Me encanta esta columna de opinión: es instructiva y optimista.

“Hacia la luz”

Mañana, 21 de diciembre, con el solsticio comenzará a crecer la luz del día en el hemisferio norte e irá muriendo a la par en el hemisferio sur, nada que no se haya repetido durante miles de millones de años.

La piel fría, de Albert Sánchez Piñol

 


Imagínate que te ofrecen el trabajo de tu vida: un año en una isla desierta sin otra tarea que apuntar a diario los datos climáticos (temperatura, humedad, velocidad del aire…) Todo bien, salvo que en cuanto desaparece el sol, la primera noche, empiezas a sufrir los durísimos ataques de unas criaturas que solo desaparecerán por la mañana. ¿Será así durante todo el año? ¿Aguantarías? El protagonista de este libro debe, quiere, hacerlo. Léelo: no te defraudará. Luego, me cuentas.


¿Estás a favor de revisar la ley de transexualidad española?

 


¿Crees que hay que variar la ley de transexualidad que está en vigor actualmente en España? ¿No te has formado una opinión? A no ser que no te importe nada porque no vives en este mundo, te recomiendo que escuches por lo menos los primeros veinte minutos de este interesante debate. Luego estarás listo para elaborar una buena argumentación sobre el tema.

https://www.ondacero.es/programas/julia-en-la-onda/audios-podcast/el-gabinete/gabinete-debe-sacar-adelante-ley-trans_202011055fa43e790e37c40001f5e5db.html

"El dilema de las redes"

                                                       


Entiendo que estés enganchadito a tu móvil, en particular a instagram . Pero ve este documental y luego me cuentas si te has replanteado de alguna manera tu relación con esta y otras redes sociales. Yo, sí.

Aquí te dejo el enlace al tráiler o avance .

https://www.netflix.com/es/title/81254224



 

"La quiero a morir", Pau Donés y Alejandro Sanz

                                                        


En homenaje a Pau Donés, quiero subir esta emocionante colaboración con Alejandro Sanz. La canción no es suya, pero el resultado es fantástico. Fíjate en la letra: es un homenaje a la hipérbole. Espero que te guste.

https://www.youtube.com/watch?v=Ht_sdb16LLQ

La quiero a morir

Y yo, que hasta ayer solo fui un holgazán
Y hoy soy el guardián de sus sueños de amor
La quiero a morir

Podéis destrozar todo aquello que veis
Porque ella de un soplo lo vuelve a crear
Como si nada, como si nada
La quiero a morir

Ella borra las horas de cada reloj
Y me enseña a pintar transparente el dolor
Con su sonrisa

Levanta una torre desde el cielo hasta aquí
Y me cose unas alas y me ayuda a subir
A toda prisa, a toda prisa
La quiero a morir

Conoce bien cada guerra
Cada herida, cada ser
Conoce bien cada guerra
De la vida y del amor también

Me dibuja un paisaje y me lo hace vivir
En un bosque de lápiz se apodera de mí
La quiero a morir

Y me atrapa en un lazo que no aprieta jamás
Como un hilo de seda que no puedo soltar
No puedo soltar, no quiero soltar
La…


"Un respeto", Elvira Lindo

 

Elvira Lindo reflexiona en este estupendo artículo sobre cuál debe ser la actitud de los adolescentes y los jóvenes ante la pandemia y qué se les debe y puede exigir. No te lo pierdas, sobre todo si eres de los que se saltan a la torera las normas actuales porque crees que esto no va contigo.

Un respeto

La voz de los supervivientes de la covid. Las radios nos van mostrando sus testimonios. Secuelas que provocan escalofríos: migrañas, dificultad para respirar, pérdidas ocasionales de memoria, lentitud mental. Hay días en que creemos saber algo sobre el maldito virus y otros en que nos inunda una certidumbre de ignorancia. De cualquier manera, siempre hay algo por lo que dar gracias. Viendo el panorama, yo agradezco no tener adolescentes a mi cargo, ni jóvenes en su primera juventud que puedan discutirte en casa las medidas sanitarias. Hace tiempo que veníamos barruntándolo: nuestra sociedad exige a los ciudadanos un nivel de responsabilidad y autocontrol según la franja de edad. A los viejos, que les zurzan. Hemos decidido que carecen de derechos y de soberanía. Los amados hijos, las amadas hijas, llevan a rajatabla el aislamiento de sus progenitores y a menudo lo exhiben con orgullo. La salud equivale hoy a padecer o no la covid. Parece dar igual que se mueran de pena, de estar más solos que la una. Pasamos de glosar las virtudes de una generación que comenzó sus días en la guerra a olvidar que tienen voluntad propia aunque su movilidad esté mermada. Es una edad de fácil sometimiento. Lo pienso a menudo: si llegar a vieja es obedecer, menudo viaje estúpido entonces el de la vida que te niega derechos y hace que la sociedad te mire con condescendencia.

Los niños, a su peculiar manera, también son fáciles de controlar. La mente infantil es tan milagrosamente flexible que convierte enseguida las nuevas normas en tradiciones. Asombra verlos lavarse las manos con tanto esmero, asumir con fortaleza su pertenencia a las burbujas escolares. Algunos han sido separados de sus mejores amigos y se saludan con la mano de un extremo a otro del patio. Tenían tantas ganas de ir al colegio que disfrutan a tope de esta reducida sociabilidad. Hasta han padecido que por momentos les cierren los parques, la medida más incongruente de todas, siendo el lugar más seguro de encuentro social en estos tiempos.

Pero, cuidado, que llegamos a la adolescencia, esa enfermedad que se cura con el tiempo, y los expertos se ponen ñoños, juvenilistas, majetes. Antes de afirmar que en el ocio nocturno es donde se está produciendo el mayor foco de expansión del virus, instan a acudir a los dichosos influencers para que les comuniquen, en el supuesto lenguaje cifrado de la juventud, que seguir una serie de normas para no perjudicar la salud colectiva es guay. Hasta hay quien anima a convertir la mascarilla en un complemento de distinción para que cada joven customice su responsabilidad. Me pregunto si no sería más eficaz dirigirse a ese sector de la ciudadanía, porque ciudadanos son, con seriedad, con la seriedad que merecen y con la que se les debe exigir.

Las autoridades políticas han contribuido en gran parte a este desatino. Sabemos que no todos los jóvenes obedecen solo a su egoísmo, de hecho, seguro que son más los que tienen conciencia de la importancia de su comportamiento, pero basta con que sean unos pocos. Esos pocos, muchos cuando se amontonan en un espacio angosto, llenaron los días pasados algunas calles de Granada. La Junta y el Ayuntamiento optaron por cerrar el lugar seguro que era la universidad para permitir el aluvión a la puerta de los bares. Lo que ha pasado, esas cifras que se han disparado, era esperable, estaba cantado. Lo advertían los sanitarios, que, junto con los supervivientes de la covid, no saben qué decir para que se les tenga respeto. Respeto. Pero se ha favorecido aquello que producía un beneficio económico inmediato. Por supuesto, la educación y la sanidad siguen estando a la zaga. Imagino que es difícil para un joven serlo ahora, también ser responsable de adolescentes bajo estas premisas, pero no cabe otra que exigirles su parte como a un adulto cualquiera. Aunque qué decir si en Madrid el toque de queda se traduce en ampliar el horario de los bares. Qué decir ya.

                                                            Elvira Lindo, “El País”, 25-10-2020

 



 




Rima XXIII

Por una mirada, un mundo;

por una sonrisa, un cielo;

por un beso... yo no sé

qué te diera por un beso.

Gustavo Adolfo Bécquer


 



Rima XXX de Bécquer
 
Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se
enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?

Gustavo Adolfo Béquer

"Wilt", de Tom Sharpe

                                            



Bueno, no es que sea santo de mi devoción este libro, pero sé que gusta mucho, que entretiene y divierte, y que todo el que lee esta primera novela de la saga y la disfruta, está de enhorabuena porque puede seguir leyendo las disparatadas situaciones que le ocurren al protagonista. Son cinco, los libros que escribió Sharpe con el mismo personaje. Todos ellos siguen la estela del mejor humor británico. Espero que te gusten. Son muy apropiados para contrarrestar esta extraña etapa en la que nos encontramos.







"Orgullo y prejuicio", de Jane Austen




Segunda propuesta para comenzar con buen pie este verano, la deliciosa “Orgullo y prejuicio”, de Jane Austin. Una historia de amor que nos queda algo lejana por su formalidad pero que nos atrapa desde el principio. A mí me pasa algo muy curioso, siempre que la releo, engancho de tirón todas las de su autora y  luego, muchas veces, me paso a las hermanas Brontë. Por cierto, si te gusta, luego puedes ver la película: está muy lograda.


"Muerte en la clínica privada", de P.D. James




Primera propuesta para entretener la espera mientras salen las notas de la innombrable: una novela policíaca de una de las mejores escritoras del género, P.D. James. Su detective, Adam Dalgliesh, es una de las creaciones que marcan un estilo, el del policía con sentido artístico, introspectivo, sensible y prudente. Este es uno de estos libros que se disfrutan por la trama y por lo bien contada que esta está. Recomendable para empezar bien este verano y vaciar la cabeza de un estresante curso.


"Siempre lo que quieras", de Angel González

 


"Siempre lo que quieras"
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
Cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
Cuando no sepas qué hacer vente conmigo
-Pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Haces haces de leña en las mañanas
Y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
Como te muevas te arrancaré el aroma.

Pero ya te lo dije:
Cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
Se llama Ángel y conduce al llanto.


Ángel González, Breves acotaciones para una biografía



¿Quién me ha robado el mes de abril?





Fotografía de Víctor Maeso


“¿Quién me ha robado el mes de abril?” cantó mi Joaquín Sabina.

Nunca hubiera pensado que, literalmente, me iba a ocurrir lo cantado por Sabina…

Te dejo la letra, para que disfrutes aún más de esta melancólica canción en esta cuarentena que ya nos ha robado un mes y va camino de birlarnos otro más…

Y aquí, el enlace al vídeo… 


Bocaccio, El Decamerón"


"El Decamerón" ("Estos cuentos no son apropiados para mentes jóvenes e inocentes como la tuya. Por ello, si decides leerlos, será bajo tu responsabilidad")

En 1348, una epidemia terrible, la peste negra, sacudió a Europa, que vio diezmada su población a la mitad. En la época, no se conocían las causas reales del contagio ni se tenían los conocimientos científicos que poseemos hoy para saber cómo aislar un virus. Cuando la peste entraba en una ciudad, la única solución posible era la huida.
Bocaccio, escritor renacentista italiano, se inspira en la enfermedad para escribir su famoso “Decamerón”. Diez jóvenes de clase alta huyen de su ciudad, Florencia, y se refugian en una villa situada a las afueras. Su única distracción será contar historias. Cada día, todos los jóvenes deben contar sendos cuentos. En total, cien cuentos. La mayoría de ellos, tienen un aire picante, erótico. No son apropiados para mentes jóvenes e inocentes como la tuya. Por ello, si decides leerlos, será bajo tu responsabilidad. Aquí te dejo uno, pero que no se entere nadie….

“El velo de la abadesa” de Bocaccio